María Martín tiene 73 años y recuerda con claridad el momento en que, hace 11 años, unas siglas, EPOC, cambiaron su vida. Hasta entonces trabajaba como auxiliar de geriatría en una residencia de mayores. “Había tenido varias bronquitis, algunos días me notaba cansada, pero nada fuera de lo normal”, explica. Se fue de vacaciones, empezó a encontrarse mal y acudió al hospital. De allí volvió a casa con oxígeno y un diagnóstico de EPOC grave grado 3. Nunca más volvió a trabajar.
“El cambio fue de un día para otro. Te ves en casa, dependiendo de una máquina de oxígeno las 24 horas y piensas: ‘¿y ahora qué?’… Porque cuando te falta el aire, te falta la vida”.