

La contaminación del aire (tanto interior como exterior) es un importante problema de salud, ya que puede desencadenar graves consecuencias como enfermedades respiratorias, por ejemplo asma o cáncer de pulmón.
En Europa se han conseguido grandes avances en materia de mejora de la calidad del aire exterior y se han establecido unos valores límite para varios contaminantes. Sin embargo, la calidad del aire interior también requiere atención, ya que es en el interior donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo.
Se sabe de ciertas sustancias químicas emitidas por productos para el hogar y por electrodomésticos que pueden irritar los ojos, la nariz y la garganta. Sin embargo, para muchas de las sustancias químicas presentes en el aire interior falta información acerca de los efectos sobre la salud derivados de una exposición a largo plazo, como cáncer o efectos reproductivos.
El radón se encuentra de forma natural en algunas regiones de Europa. Puede penetrar en los edificios, y en ocasiones puede provocar cáncer de pulmón.
Las partículas en suspensión pueden tener efectos nocivos sobre la salud, especialmente sobre el sistema respiratorio.
Los microbios, como el moho y los virus, pueden propiciar el desarrollo del asma y las alergias.
Los animales domésticos y los dañinos, como los ácaros del polvo, las cucarachas y los ratones, son importantes fuentes interiores de alérgenos.
Una humedad baja produce irritación de los ojos, sequedad de la piel y la nariz, y erupciones cutáneas, mientras que una humedad alta favorece la aparición de moho y ácaros del polvo.
Uno de los principales causantes de mala calidad del aire interior es una ventilación insuficiente, que puede afectar a la salud y al rendimiento en el trabajo.
Para determinar si los contaminantes pueden tener efectos sobre la salud es necesario tener en cuenta cuatro aspectos:
Los grupos de población potencialmente más vulnerables a la contaminación del aire interior son los niños, las mujeres embarazadas, los ancianos, y las personas que padecen enfermedades cardiovasculares o respiratorias.
Dependiendo de su edad, los niños podrían ser más vulnerables que los adultos a determinadas sustancias tóxicas, como el plomo y el humo del tabaco. Incluso a niveles bajos, los contaminantes del aire podrían alterar su desarrollo pulmonar, causar tos, bronquitis y otras enfermedades respiratorias, y empeorar el asma.
Aparte de la edad y la presencia de enfermedades cardiovasculares o respiratorias, otros factores que podrían hacer que algunas personas sean más vulnerables son la predisposición genética, el estilo de vida, la alimentación y otros problemas de salud.
Al igual que el aire exterior, el aire interior contiene una compleja y variable mezcla de contaminantes (sustancias químicas, alérgenos y microbios) procedentes de diferentes fuentes.
Los descubrimientos sobre los efectos sanitarios que los contaminantes del aire provocan individualmente no permiten necesariamente sacar conclusiones sobre los efectos de las mezclas. De hecho, las diferentes sustancias químicas pueden interactuar entre sí y provocar efectos adversos superiores (o inferiores) a la suma de los efectos individuales de cada sustancia química. Se sabe muy poco sobre los efectos combinados de los contaminantes del aire interior.
Rara vez es posible realizar evaluaciones de riesgos que tengan en cuenta las consecuencias de la exposición combinada y los efectos acumulativos de los contaminantes del aire interior. No obstante, la posibilidad de efectos combinados debería tenerse en cuenta en la evaluación de riesgos mediante un enfoque «caso por caso»
Entre los productos de combustión generados por los sistemas de calefacción y otros electrodomésticos que utilizan gas, combustible o madera, el monóxido de carbono (CO) y dióxido de nitrógeno (NO2) son motivo de especial preocupación.
El humo del tabaco contiene varios tipos de contaminantes nocivos, entre ellos benceno y partículas finas y ultrafinas. En los adultos, el tabaquismo pasivo puede provocar irritación y enfermedades coronarias, y agravar los síntomas respiratorios. En los niños, puede conducir al síndrome de muerte súbita del lactante y a infecciones del oído medio.
El radón se encuentra de forma natural en algunas regiones. Puede penetrar en los edificios, y en ocasiones puede provocar cáncer de pulmón.
El plomo, que todavía está presente en la pintura de algunas casas antiguas, es perjudicial para los niños, incluso a bajos niveles de exposición.
Los plaguicidas organofosforados, que a menudo se utilizan contra los insectos en el hogar, pueden afectar al desarrollo del sistema nervioso, lo que podría ser motivo de preocupación para los niños.
Muchos productos de consumo emiten compuestos orgánicos volátiles (COV) tales como el benceno, el formaldehído y el naftaleno, que tienen efectos sobre la salud. Los COV pueden reaccionar con el ozono que se encuentra a nivel del suelo, dando lugar a contaminantes secundarios que pueden causar irritación. En general todavía se conoce poco sobre la mezcla de los efectos causados por las concentraciones de COV y ozono.
Varios productos del hogar liberan sustancias químicas al aire, por ejemplo los productos de limpieza, los productos para el mantenimiento de los suelos, las tapicerías y la ropa de hogar, los ambientadores, los pegamentos, las pinturas, los decapantes de pintura, los productos para el cuidado personal, el material impreso, los aparatos electrónicos, las velas y el incienso.
Algunos estudios muestran una relación entre el uso de ciertos productos de consumo y efectos adversos para la salud. Sin embargo, no está claro hasta qué punto los contaminantes son responsables de los efectos observados, ya que hay otros factores que pueden contribuir a ellos.
Un reciente estudio analizó las emisiones de sustancias químicas de una gran variedad de productos de consumo. Aunque los niveles en el aire interior fueron en la mayoría de los casos aceptables, en algunas ocasiones superaron los límites aceptados.
Los efectos sobre la salud vinculados a edificios demasiado húmedos afectan principalmente al sistema respiratorio. Estos varían desde irritación de las mucosas, síntomas respiratorios e infecciones hasta enfermedades como el asma y la alergia. Sin embargo, todavía no se conoce con precisión cómo provoca la humedad estos síntomas y cuáles son las principales sustancias responsables.
Los problemas de humedad en los edificios pueden originarse por fugas, condensación, o por el suelo. El exceso de humedad favorece el crecimiento de microorganismos tales como el moho y las bacterias que conducen a la liberación de contaminantes al aire interior. Una ventilación inadecuada puede aumentar la humedad y los niveles de contaminantes.
Es necesario investigar más para determinar la gravedad y alcance del problema de humedad en los edificios a escala de la UE.
Evaluar los riesgos para la salud de la contaminación del aire interior es muy difícil, ya que el aire interior puede contener más de 900 sustancias químicas, así como partículas y materiales biológicos con posibles efectos sobre la salud. Factores como la ventilación, las condiciones de limpieza, las características del edificio, los productos utilizados en los hogares, los hábitos culturales, el clima y el ambiente exterior influyen en la calidad del aire interior. Por lo tanto, se pueden esperar grandes variaciones entre distintas regiones de la UE.
El Comité científico de los riesgos sanitarios y medioambientales (CCRSM) de la Comisión Europea concluye que:
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